Una propaganda que no se perciba como tal
El ex ministro de Finanzas alemán Oskar Lafontaine ha relatado en alguna ocasión un paseo suyo por Sofía con un catedrático búlgaro de filología alemana. Al pasar por delante del Ministerio de Defensa, su amigo se detuvo y le dijo: "Aquí comienza la mentira. En mi juventud podía leerse sobre el portal del edificio ‘Ministerio de Guerra’. Era más sincero".
‘Ministerio de Guerra’ aludía al acto en sí: se puede calificar una guerra como defensiva u ofensiva, química o convencional, pero no dejará de ser una guerra. También en España el Ministerio de la Guerra se llamaba así en los años treinta. Desde él dirigió el Gobierno de la República las operaciones de defensa del régimen legítimo y, sin embargo, no le cambió el nombre. La denominación ‘Ministerio de Defensa’ puede resultar veraz unas veces y otras no, dependiendo del tipo de guerras que se libren desde sus despachos. En cambio, el nombre de ‘Ministerio de Guerra’ será sincero siempre. ¿Por qué los ministerios europeos prefieren arriesgarse a incurrir en una falsedad? Porque ‘guerra’ y ‘defensa’ suscitan distintas valoraciones morales: desde la noche de los tiempos, las tribus humanas han considerado legítima la agresión cuando se producía en defensa propia. La guerra puede ser justa o injusta, dependiendo de las circunstancias que la hayan propiciado y de si se libra con el objetivo de dominar un territorio o derrocar un régimen poco afín a los intereses de la potencia atacante; la defensa, en cambio, cuenta siempre con nuestra aprobación moral. El rótulo ‘Ministerio de Defensa’ vuelve del revés nuestra respuesta ética al acto de la guerra: nos la hace aceptable.
Como la realidad puede llegar a ser muy irónica, ahora que cunde el despliegue de ejércitos en países extranjeros no siempre bajo el mando de la ONU -lo que solía llamarse ‘ocupación’- para realizar ‘labores humanitarias’, de ‘cooperación’ y de ‘reconstrucción’, los títulos de los ministerios de Defensa chirrían cada vez más en nuestros oídos. Si alguien se aventura a cambiarlos, tal vez veamos el día en que los ejércitos sean comandados desde el Ministerio de la Paz. Se cumpliría así la profecía de la pesadilla orwelliana: la guerra es la paz".
Autora: Irene Lozano.
Obra: El saqueo de la imaginación. Cómo estamos perdiendo el sentido de las palabras. (2008)
Editorial: Debate
